viernes, 13 de diciembre de 2013

La Guerra Del Cerdo

Las islas de San Juan están en la costa noroccidental de EE.UU. y en 1859 estaban en disputa entre EE.UU. y Gran Bretaña. Ambos países tenían colones en aquel territorio. Ustedes ya saben que cualquier excusa es buena para hacer una guerra cuando así se desea, pero no creo que un norteamericano, llamado Lyman Cutlar, pensara en una guerra cuando disparó contra un cerdo porque estaba atravesando su plantación de patatas. Lamentablemente el cerdo era británico. ¡Miles de chistes se podrían hacer en este punto!, pero me contendré.
Las autoridades británicas amenazaron al “cazador de gorrinos” con su arresto si no reponía el daño causado al propietario del cerdo. Los colonos americanos pidieron ayuda a su ejército, y este acudió a la llamada. ¿No sería más barato pagarle un puerco al inglés? No, mejor que intervenga el ejército. El gobernador británico, en respuesta, mandó un barco de guerra a la zona. Y así la cosa se fue complicando y complicando hasta llegar a los 400 soldados estadounidenses en la isla, que tenían enfrente a una pequeña flota británica con miles de soldados dispuestos para el combate. Recuerden. ¡Por un cerdo!


Finalmente un soplo de sentido común llegó a las islas de San Juan y los oficiales británicos no ejecutaron la orden de desembarcar a los soldados, lo que evitó el conflicto. ¡Alguien había ordenado el desembarco!¡Por un cerdo! El gobierno de EE.UU. también se dio cuenta de que armar todo aquello por un gorrino no era algo sensato y todo se calmó. La guerra del Cerdo, si me permiten la denominación, fue abortada antes de explotar y con una única baja: el propio cerdo.
Por cierto, unos años después de estos hechos, EE.UU. y Gran Bretaña confiaron en el criterio del Káiser Guillermo I de Alemania para decidir sobre las islas de San Juan. Este determinó que debían pertenecer a los norteamericanos y así fue. Actualmente, el archipiélago al que pertenecen las islas de San Juan se divide en dos grupos. Estas, junto con otras islas, forman parte del estado de Washington y otro grupo, las islas del Golfo, pertenecen a Canadá. No me negarán que es más lógico esto que llevarlo todo al campo de batalla usando como excusa a un triste animalito, que además pagó con su vida.

Algunas estadísticas:



Fuente: Curistoria.

martes, 3 de diciembre de 2013

Historia de Galatea

Durante mucho tiempo Pigmalión, Rey de Chipre, había buscado una esposa cuya belleza correspondiera con su idea de la mujer perfecta. Al fin decidió que no se casaría y dedicaría todo su tiempo y el amor que sentía dentro de sí a la creación de las más hermosas estatuas.
Al rey no le gustaban las mujeres, y vivió en soledad durante mucho tiempo. Cansado de la situación en la que estaba, empezó a esculpir una estatua de mujer con rasgos perfectos y hermosos. Así, realizó la estatua de una joven, a la que llamó Galatea, tan perfecta y tan hermosa que se enamoró de ella perdidamente. Soñó que la estatua cobraba vida. El rey se sentía atraído por su propia obra, y no podía dejar de pensar en su amada de marfil.


En una de las grandes celebraciones en honor a la diosa Venus que se celebraba en la isla, Pigmalión suplicó a la diosa que diera vida a su amada estatua. La diosa, que estaba dispuesta a atenderlo, elevó la llama del altar del escultor tres veces más alto que la de otros altares. Pigmalión no entendió la señal y se fue a su casa muy decepcionado. Al volver a casa, contempló la estatua durante horas. Después de mucho tiempo, el artista se levantó, y besó a la estatua. Pigmalión ya no sintió los helados labios de marfil, sino que sintió una suave y cálida piel en sus labios. Volvió a besarla, y la estatua cobró vida, enamorándose perdidamente de su creador. Venus terminó de complacer al rey concediéndole a su amada el don de la fertilidad.
Ovidio dice así sobre el mito en el libro X de Las metamorfosis: «Pigmalión se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del sol y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras y haciéndose más dócil y blanda con el manejo. Al verlo, Pigmalión se llena de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez, y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos.»


Cuando despertó en lugar de la estatua se hallaba Afrodita, que le dijo “Mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal”. De esa forma Galatea se transformó en una mujer real.
Pigmalión se casó con Galatea y tuvieron una hija llamada Pafo, que más tarde sería a su vez la madre de Cíniras.
Una versión de la historia cuenta que tiempo después Pigmalión ofendió a Afrodita y ésta, como castigo, durante una noche, mientras Pigmalión y Galatea hacían  el amor… volvió a convertir en piedra a Galatea aprisionando a Pigmalión con su sexo y con sus brazos. Los gritos de este, no se sabe si de dolor o de pena, se escucharon en toda la isla.

Fuente: Tejiendo el mundo.