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viernes, 23 de diciembre de 2011

Síndrome de Diógenes

El síndrome de Diógenes es un trastorno del comportamiento que normalmente afecta a personas de avanzada edad que viven solas. Se caracteriza por el total abandono personal y social y por el aislamiento voluntario en el propio hogar, acompañados en la mayoría de los casos por la acumulación en él de grandes cantidades de dinero o de desperdicios domésticos. 



En 1960 se realizó el primer estudio científico de dicho patrón de conducta, bautizándolo en 1975 como síndrome de Diógenes. Este epónimo es erróneo, pues hace referencia a Diógenes de Sinope, filósofo griego que adoptó y promulgó hasta el extremo los ideales de privación e independencia de las necesidades materiales (lo que se conoce como cinismo clásico); por tanto, desde el punto de vista histórico y conceptual la acumulación de cualquier tipo de cosas es lo contrario de lo preconizado y practicado por el citado filósofo.

La persona que sufre de este trastorno se caracteriza por su aislamiento social, llegando a recluirse en el propio hogar, además de desatender absolutamente la limpieza del mismo y toda higiene personal.

Tales comportamientos se suelen encontrar en personas de avanzada edad pero también en jóvenes. Por lo general son personas que se sienten solas, o no han superado la muerte de un cónyuge o familiar muy cercano, o presentan cuadros depresivos. En algunos casos las penurias económicas pueden alentar este comportamiento, pero no es un factor clave, pues se conocen casos en personas de alto nivel socio-económico y carreras profesionales brillantes que lo padecen. En definitiva, es la soledad el principal factor que desencadena este trastorno.

Aquí les dejo un breve video de una anciana chilena que padece esta enfermedad:

Algunos famosos que han sufrido este síndrome:
Robert Pattinson, actor.
Francis Bacon, filósofo, político, abogado y escritor.
Whitney Houston, cantante.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Aritmomanía


El hábito de contar puede ser una simple rareza, incluso benéfica, señala Doris Wild Helmering, psicoterapeuta y escritora de Saint Louis, Missouri, "¿Que mejor manera de distraerse de las maniobras del dentista que contar las flores del consultorio?", dice. Pero para algunas personas contar se vuelve una actividad obsesiva (aritmomanía) incontrolable e incapacitante. Estos contadores sin cuento podrían ser victimas del trastorno obsesivo compulsivo (TOC), explica el doctor Eugene Beresin, profesor de psiquiatría de la Universidad Harvard.
Puedo entender perfectamente que una persona quede atrapada en el. Tiene ese ritmo fácil de uno-dos-tres, como una marcha pegadiza, que lo hace sentir a uno como llegando a algún lugar. Una fila de números parece apuntar hacia el futuro. Y son muy importantes para predecir el futuro. Los griegos creían que los números formaban parte del orden atemporal de las cosas que existe bajo la confusión atemporal del mundo. El mundo, entonces, era como un como un cuadro de "Pinte según el número", y si uno podía raspar todos los colores, veía los números abajo. Murmurando las tablas de multiplicar, haciendo divisiones clandestinas, restas secretas. Los números son adjetivos últimos. Cuando uno pone un número delante de algo, ese algo queda definido por completo. Una casa, un hombre para resistir, una vida para dar, definición de una palabra, dos en un arbusto, como dos gotas de agua, tres Reyes Magos, tres deseos, tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal, cuatro puntos cardinales, cuatro elementos, choca esos cinco, cinco sentidos, sexto sentido, las siete puertas de Tebas, los siete pecados capitales, las siete vidas de un gato, séptimo cielo, bola ocho a la esquina, la guerra de los nueve a;os, nuevo coros de ángeles, nueve planetas en el espacio, diez mandamientos, diez plagas de Egipto, doce signos del Zodiaco, el piso trece, dulces dieciséis, el área dieciocho, veintitrés fugitivos, veinticuatro horas, treinta y nueve escalones, cuarenta ladrones, sesenta kilómetros por hora, cien puntos de tapas de Coca-Cola, ciento cincuenta y tres peces, trescientos sesenta grados, trescientos sesenta y cinco días, mil primaveras, mil y una noches, la pregunta del millón. El número uno, sin embargo, es el que más define las cosas. Una Acrópolis. Un planeta Marte. Un Gran Cañón. Un Platón. Un Aristóteles. Un Dios.

Fuente: Diario del TOC